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La Visión Budista del más alla

Morir es el principio de vivir. Vivir es un preparativo a la muerte. Estar vivo no significa vivir. Tampoco la muerte significa desvanecerse. Uno vive porque existe una afinidad con las condiciones dadas para vivir. Uno muere porque las condiciones dadas han desaparecido.
Desde diferentes perspectivas podemos decir: no existe vida ni muerte; así como tampoco existe muerte ni vida. Morir o vivir son cosas naturales a la humanidad. Son dos condiciones que coexisten. La muerte necesariamente aparece después de la vida, pero revivimos también tras la muerte. Es decir, la muerte no es tan temible como creemos. Es como el agua del río que va al mar y retorna después al río indefectiblemente. Es como cambiar de ropa, cambiar de casa o como la madera que termina de quemarse pero donde la chispa de la vida permanece en forma continua. Por lo tanto, la muerte no significa la destrucción. Cuando tengamos que encarar la muerte, debemos pensar como si fuera volver a la casa tras un largo viaje. Debemos pensar como si fuéramos prisioneros en libertad. Debemos pensar como si fuésemos las hojas que caen al suelo cuando marchitan. Debemos pensar que la muerte es tan como la luna llena en el cielo entre las montañas.
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